Cuando el mundo observa la cantidad de dorsales con la insignia de SuperHalfs y el júbilo de los que entran en su particular Salón de la Fama, se pregunta: ¿qué es lo que tiene Valencia? ¿Qué la hace diferente para los más de 11.000 runners internacionales que aterrizaron en esta edición? No hay una respuesta común. Para muchos, SuperHalfs es “como jugar la Champions League del running”. Algo inigualable, porque “este ¿Por qué Valencia? es el único deporte en el que puedes hacer algo así”, comentaba Rebecca en meta, ya con su medalla gigante de seis piezas pendiendo de su cuello. De hecho, el objetivo de SuperHalfs solo es deportivo si lleva asociado un componente esencial de disfrute, superación personal… y turismo. O sea, viajar por Europa con unas zapatillas en la maleta. Pero también hay quienes eligen Valencia como última parada por lo llano de su recorrido. Este es, oficialmente, el medio maratón más rápido del mundo y eso no pasa desapercibido entre los populares que buscan marca personal. Sin embargo, como las historias personales son las que dan sentido a SuperHalfs, hay otros dos motivos que, según los runners internacionales, diferencian Valencia del resto: el clima, a pesar de la edición pasada por agua, y el color de las calles durante la prueba. Porque la lluvia ni frenó el récord de corredores en meta, ni tampoco el de animación en cada kilómetro. Queda claro que poner el broche a SuperHalfs en suelo valenciano es la aventura internacional que todo runner popular sueña.
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